LECTURA: "La música en el Renacimiento"
Técnica: E9
Localización: La música del Renacimiento
FINALIDADES: REGISTRO DEL PLAN LECTOR DIGITAL, SEGUIMIENTO ACTUALIZADO Y COORDINACIÓN INMEDIATA.
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miércoles, 19 de octubre de 2016
martes, 18 de octubre de 2016
LA NUMERACIÓN ROMANA
LA NUMERACIÓN ROMANA
TÉCNICA: SUBRAYADO
Localización: blog planlector2016
Los romanos formaron un imperio que se extendía por la mayor parte de Europa y por el norte de África.
Los pueblos sometidos aprendieron de ellos su modo de vida, sus costumbres, su lengua llamada latín, su escritura y también su sistema de numeración.
Tras la desaparición del Imperio Romano, en los siglos posteriores algunas de las cosas aprendidas de los romanos permanecieron, aunque fueron cambiando. Así nosotros, actualmente hablamos Castellano que es Latín evolucionado y al escribir seguimos utilizando letras latinas. Pero otras cosas aunque permanecieron varios siglos, después desaparecieron, así pasó con el sistema de numeración romano. Se sustituyó por el sistema de numeración arábigo, que proviene de la India y lo extendieron los árabes, es el que empleamos ahora y es mucho más fácil de manejar.
Actualmente vemos y utilizamos números romanos en muy pocas ocasiones: para nombrar los siglos, en los actos y escenas de una obra de teatro, en la designación de olimpiadas, congresos y certámenes, en la numeración de reyes, emperadores y papas, en inscripciones antiguas y en relojes antiguos.
Los romanos utilizaban el sistema de numeración decimal, el mismo que utilizamos nosotros, lo particular de ellos era la forma de escribir esos números.
Solamente manejaban números naturales y no consideraban que el valor "nada" fuese un número, por eso el cero no se puede escribir en números romanos.
Los romanos empleaban estas siete letras mayúsculas para expresar los números.
Cada letra tiene el valor indicado en esta tabla.
Cada letra tiene el valor indicado en esta tabla.
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Los números romanos ya no se utilizan, en la actualidad solamente los vemos en documentos antiguos, en la expresión de siglos, en los nombres de reyes y papas, pero los números romanos forman parte de nuestra historia y cultura y por eso es conveniente que los conozcáis.
LENGUA - PRIMER CICLO - 16/10/2016
La princesa de seis años le dibujó una cara a un cucurucho
de hada y dijo:
_ ¿Quieres ser mi amigo, cucurucho larguirucho?
_ Sí_ contestó el larguirucho sombrero.
La princesa ya tenía con quien hablar, así que le dijo al
cucurucho:
_ Dicen que las princesas se entretienen con los asuntos
de palacio, pero yo prefiero jugar.
Cucurucho, ¿quieres acompañarme?
Sin esperar la respuesta, la pequeña dio un salto, agarró
al cucurucho y comenzó a correr por los largos pasillos del palacio.
Llegaron a la sala de la reina. Allí, la princesa cogió
dos jarrones, se puso uno en la cabeza y le colocó el otro al cucurucho.
Entonces dijo:
_ ¡Somos buzos! ¡Vamos al mar!
Y lucharon con pulpos gigantes en el fondo del mar.
Pero de pronto.... ¡la reina! Llega la reina!
_ ¡Qué alboroto! ¡Qué princesa tan alocada!
¡Todo el día jugando, sin hacer nada de nada!_ dijo la
reina.
La pequeña princesa cogió de nuevo a su amigo el cucurucho
y se fue volando a la sala del rey. Detrás de una cortina encontró una vieja
caja. La abrió y....
¡Qué sorpresa! ¡Son cromos de fútbol!
La princesa y el cucurucho se convirtieron en
jugadores de fútbol y echaron un partido con los cromos.
Pero, de pronto.... ¡el rey! ¡Llega el rey!
¡Qué princesa tan alocada! _ dijo el rey.
¿ A caso no sabes
que los cromos de futbolistas son cosas de deportistas?
_ ¿Tú qué opinas de todo esto, cucurucho? _
preguntó la niña_. ¿Soy una princesa alocada?
Y el cucurucho respondió:
_ ¿Tú, una princesa alocada? _ Aunque nadie se dé cuenta,
yo sé quién eres... ¡un hada!
Inma Alguacil
Técnica: E1 y E12
Técnica: E1 y E12
lunes, 17 de octubre de 2016
LENGUA CASTELLANA Y LITERATURA - 2º DE ESO - 19/10/16
TÉCNICA E2
TEXTO:
TEXTO:
Después de separar unas cuantas ramas, apareció, a diez metros, el simio más
grande que había visto nunca. Estaba tranquilamente comiendo unas frutas
rojas que tenía cerca de un árbol con mucho follaje.
Kosasi estaba solo, no había nadie a su alrededor. Martín ya sabía que los machos adultos acostumbran a estar solos. Los otros orangutanes los evitan. ¿Por miedo? ¿Por respeto? Lo tendría que preguntar a su tía.
Unos cuantos metros más allá había una madre y un hijito orangutanes mucho más pequeños, que también comían fruta y hojas de un mismo árbol.
Martín acabó el carrete haciendo fotos a la pareja, y sobre todo a Kosasi, que ni se inmutaba ante la presencia de Martín. Incluso parecía que se colocaba bien para salir favorecido en las fotos.
Haciendo caso omiso de lo que le habían dicho, Martín se acercó a la madre orangután, y a la hembra no se le ocurrió otra cosa que tirarle ramas y ramitas y todo lo que tenía a su alcance, al mismo tiempo que hacía unos ruidos con la boca como si diera besos, quizá para proteger a su hijito.
Más tarde le explicaron que aquella era una reacción normal, la de tirar ramas y palitos, cuando el orangután se siente acorralado y tiene miedo. Y también le explicaron que los ruidos que emitían, parecidos a los besos, se llamaban kiss-squeaks, pero Martín en aquel momento no lo sabía y su reacción fue huir, pensando que la orangutana le quería hacer daño.
En su huida, Martín se enredó con unos arbustos de la selva y se cayó y, al levantar la cabeza, estando estirado plano en el suelo, entrevió frente a él una serpiente que se le acercaba lentamente, haciendo zigzag entre la hojarasca, de manera que aparecía y desaparecía emitiendo un silbido espantoso.
Martín no podía moverse de miedo y no le salía ningún grito, ni fuerte ni flojo. Cuando ya tenía la bestia a tres palmos, un manotazo fortísimo lanzó la temida serpiente muy lejos, haciéndola volar por los aires como si se tratara de un pájaro.
¿Qué había pasado, quién lo había hecho? Martín levantó la cabeza, que hasta ahora tenía entre las manos, mirando al suelo, y vio una figura imponente, gran- de y pesada delante de él. Era Kosasi, el rey de la selva, que lo miró durante unos segundos y desapareció por entre los árboles.
Martín no podría nunca olvidar lo que sintió en aquellos momentos, cuando el orangután, sin perder la digna postura de rey, lo miró con cara de ternura, como a un hijo a quien acabara de sacar de un mal paso.
Pilar Garriga, Un verano en Borneo, Anaya
Kosasi estaba solo, no había nadie a su alrededor. Martín ya sabía que los machos adultos acostumbran a estar solos. Los otros orangutanes los evitan. ¿Por miedo? ¿Por respeto? Lo tendría que preguntar a su tía.
Unos cuantos metros más allá había una madre y un hijito orangutanes mucho más pequeños, que también comían fruta y hojas de un mismo árbol.
Martín acabó el carrete haciendo fotos a la pareja, y sobre todo a Kosasi, que ni se inmutaba ante la presencia de Martín. Incluso parecía que se colocaba bien para salir favorecido en las fotos.
Haciendo caso omiso de lo que le habían dicho, Martín se acercó a la madre orangután, y a la hembra no se le ocurrió otra cosa que tirarle ramas y ramitas y todo lo que tenía a su alcance, al mismo tiempo que hacía unos ruidos con la boca como si diera besos, quizá para proteger a su hijito.
Más tarde le explicaron que aquella era una reacción normal, la de tirar ramas y palitos, cuando el orangután se siente acorralado y tiene miedo. Y también le explicaron que los ruidos que emitían, parecidos a los besos, se llamaban kiss-squeaks, pero Martín en aquel momento no lo sabía y su reacción fue huir, pensando que la orangutana le quería hacer daño.
En su huida, Martín se enredó con unos arbustos de la selva y se cayó y, al levantar la cabeza, estando estirado plano en el suelo, entrevió frente a él una serpiente que se le acercaba lentamente, haciendo zigzag entre la hojarasca, de manera que aparecía y desaparecía emitiendo un silbido espantoso.
Martín no podía moverse de miedo y no le salía ningún grito, ni fuerte ni flojo. Cuando ya tenía la bestia a tres palmos, un manotazo fortísimo lanzó la temida serpiente muy lejos, haciéndola volar por los aires como si se tratara de un pájaro.
¿Qué había pasado, quién lo había hecho? Martín levantó la cabeza, que hasta ahora tenía entre las manos, mirando al suelo, y vio una figura imponente, gran- de y pesada delante de él. Era Kosasi, el rey de la selva, que lo miró durante unos segundos y desapareció por entre los árboles.
Martín no podría nunca olvidar lo que sintió en aquellos momentos, cuando el orangután, sin perder la digna postura de rey, lo miró con cara de ternura, como a un hijo a quien acabara de sacar de un mal paso.
Pilar Garriga, Un verano en Borneo, Anaya
LENGUA CASTELLANA Y LITERATURA - 1º DE ESO - 18/10/16
TÉCNICA: E2
TEXTO:
TEXTO:
Una mañana, del tablón de anuncios de nuestro colegio colgaba un anuncio
escrito a mano que decía lo siguiente:
¿TIENES PROBLEMAS CON EL COCODRILO? ¿NO SABES QUÉ HACER CON EL VARANO ESTAS VACACIONES?
Queridos compañeros:
La pensión de animales Sieben está dispuesta también este año a cui- dar cariñosamente de vuestros animales domésticos durante las vaca- ciones. Los interesados han de comunicárselo a Hugo Sieben, de sexto.
Delante del tablón se habían congregado algunos alumnos y alumnas que pa- recían reaccionar con sorpresa y entusiasmo ante este anuncio. También yo estaba sorprendido, pero nada entusiasmado. Al fin y al cabo, Hugo Sieben era yo, solo que no tenía una pensión de animales ni quería abrir una. Únicamente podía tratarse de una de las famosas bromas de mi amigo Alfi, cuya pésima letra le delataba. [...] Cuando entré en clase buscando al malhechor, dos chi- cas salieron disparadas de sus asientos, Claudia y Lili, y me asediaron para que cuidara a su periquito Egon y a su tortuga Carmencita. Incluso Gunilla la inabordable, que en clase se sentaba dos filas delante de mí, me obsequió con una versión especial de su sonrisa matinal.
—¿Admites también perros de aguas, Hugo?
—¡Admite hasta varanos! —dijo Luis Wollen desde la pizarra, mientras la llena- ba de monigotes—. ¡Él mismo lo ha escrito en el tablón de anuncios!
—¡Yo no he escrito nada! —protesté furioso.
Pero en ese momento llegó corriendo mi amigo Alfi con un papel y un lápiz en la mano y empezó a interrogar a Gunilla sin más rodeos. [...]
Mientras Alfi apuntaba las direcciones de Claudia, Lili y Gunilla con gesto re-
Alfi mal de la cabeza? Si lo que había querido era tomarme el pelo..., ¡allá él! Pero la broma que se traía ahora con las chicas, francamente, era excesiva. [...]
—Alfi, eres muy convincente, de verdad —le dije por fin, reconociendo su mérito—. No me enfado porque te burles de mí. Pero no está bien que te burles de las chicas. Ni de todos los demás del colegio que se tomen en serio esa estupidez del tablón de anuncios.
trabajo para las vacaciones. Me dijiste que a ver si se me ocurría algo. Y ya se me ha ocurrido algo.
—¡Pero no una pensión de animales! —grité horrorizado. —¿Y por qué no? Se puede conseguir un buen dinero. [...]
me echa de casa!
nos repartiremos los animales. ¿Es que creías que te iba a dejar plantado? Christamaria Fiedler, El verano de los animales, Alfaguara.
¿TIENES PROBLEMAS CON EL COCODRILO? ¿NO SABES QUÉ HACER CON EL VARANO ESTAS VACACIONES?
Queridos compañeros:
La pensión de animales Sieben está dispuesta también este año a cui- dar cariñosamente de vuestros animales domésticos durante las vaca- ciones. Los interesados han de comunicárselo a Hugo Sieben, de sexto.
Delante del tablón se habían congregado algunos alumnos y alumnas que pa- recían reaccionar con sorpresa y entusiasmo ante este anuncio. También yo estaba sorprendido, pero nada entusiasmado. Al fin y al cabo, Hugo Sieben era yo, solo que no tenía una pensión de animales ni quería abrir una. Únicamente podía tratarse de una de las famosas bromas de mi amigo Alfi, cuya pésima letra le delataba. [...] Cuando entré en clase buscando al malhechor, dos chi- cas salieron disparadas de sus asientos, Claudia y Lili, y me asediaron para que cuidara a su periquito Egon y a su tortuga Carmencita. Incluso Gunilla la inabordable, que en clase se sentaba dos filas delante de mí, me obsequió con una versión especial de su sonrisa matinal.
—¿Admites también perros de aguas, Hugo?
—¡Admite hasta varanos! —dijo Luis Wollen desde la pizarra, mientras la llena- ba de monigotes—. ¡Él mismo lo ha escrito en el tablón de anuncios!
—¡Yo no he escrito nada! —protesté furioso.
Pero en ese momento llegó corriendo mi amigo Alfi con un papel y un lápiz en la mano y empezó a interrogar a Gunilla sin más rodeos. [...]
Mientras Alfi apuntaba las direcciones de Claudia, Lili y Gunilla con gesto re-
Alfi mal de la cabeza? Si lo que había querido era tomarme el pelo..., ¡allá él! Pero la broma que se traía ahora con las chicas, francamente, era excesiva. [...]
—Alfi, eres muy convincente, de verdad —le dije por fin, reconociendo su mérito—. No me enfado porque te burles de mí. Pero no está bien que te burles de las chicas. Ni de todos los demás del colegio que se tomen en serio esa estupidez del tablón de anuncios.
trabajo para las vacaciones. Me dijiste que a ver si se me ocurría algo. Y ya se me ha ocurrido algo.
—¡Pero no una pensión de animales! —grité horrorizado. —¿Y por qué no? Se puede conseguir un buen dinero. [...]
me echa de casa!
nos repartiremos los animales. ¿Es que creías que te iba a dejar plantado? Christamaria Fiedler, El verano de los animales, Alfaguara.
jueves, 13 de octubre de 2016
Inglés - 3º y 4º - 13/10/2016
Texto "Aprender a estudiar" Secciones 1 "Líneas Generales" y 2 "Test sobre el estudio"
E5: Ejercicios de completar/ordenar/relacionar
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E5: Ejercicios de completar/ordenar/relacionar
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